Reflexiones de un pensador compulsivo…

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Buen día!

Hoy desperté con ganas de dedicar unas lineas a este espacio de mi vida que tengo un poco descuidado por las interminables situaciones que me mantienen en otros menesteres. Escribir es una de esas pasiones leales que siempre te esperan a pesar de que pases tiempo sin volver, y en lo personal echo mucho en falta conectarme con esta disciplina más seguido. En fin, estoy de vuelta y espero que la vida me lo permita con más frecuencia.

Hoy quiero saludar al día. Estos tiempos son de mucha convulsión para quienes habitamos esta particular ciudad. Son tiempos de siembra y esfuerzo y a veces sentimos que no llegará la recompensa. Pero bien vale un saludo cordial a este momento de vida en el que te asomas a la ventana y te das cuenta de que tienes otra oportunidad para hacer aquello que no has hecho, o para continuar con lo que había. Es momento de hacer una reverencia a este nuevo aire mañanero que simboliza cotidianamente el eterno ciclo de vida y muerte que caminamos sin parar.

Despertar es un milagro tan difícil de apreciar. Tengo mucho que hacer y mucho que agradecer por lo hecho, por las oportunidades anteriores, las que aproveché y las que no. Me doy cuenta de que paso mucho tiempo entre la neblina del quehacer diario, y no me procuro la ocasión de disfrutar el hecho de poder hacer lo que hago y cómo lo hago. Pasamos tanto tiempo deseando cosas y luchando por ellas, que no nos damos cuenta de que aquello que queríamos lo tenemos y no lo disfrutamos. Es parte de la tragicomedia de la vida. Pues bien, con los ojos abiertos digo en voz alta GRACIAS! Agradezco a la naturaleza, y por qué no, a mi mismo por lo conseguido, y me dispongo a disfrutar de este día, de este chance de vida, de este milagro repetido cada 24 horas. Buen día!

 

1492 la música pura

Recuerdo que en un estudio de grabación, hace más de 15 años, compartía ideas musicales con mi gran amigo y hermano de música Eduardo Betancourt. No recuerdo qué estábamos grabando, pero era música llanera y entre mis inquietudes estaba la de transformar un poco el formato de arpa, cuatro, maracas y bajo, que para ese entonces se me hacía insuficiente para colorear las canciones que componía. Ese capricho quinceañero nos llevo a fundar una banda llamada 1492, un tobogán musical vertiginoso que nos mantuvo creativos, inquietos y ensayando como locos durante años.

El comienzo de los experimentos tenía de todo, parecía un grupo de gaitas. Sonaba desde la batería hasta las maracas, pasando por el cuatro, tres tipos de guitarras, bajo, congas y pare de contar. No encontrábamos la manera de controlar ese formato complejo e inestable. Si a eso le añades el ímpetu juvenil de querer meter todas las notas y acordes que te sabes en el mismo arreglo, imaginarán ese sonido. Lo bonito de esa época fue compartir la hazaña con grandes amigos y músicos como Alonso Perdomo, Adelmar Paz, José Marchena, Hermán Cova, José Pepe Leo Hernández, entre otros que pasaron, compartieron de esa fiebre y que nos enseñaron tanto.

A mi memoria viene esa época universitaria en la que salíamos de clase e íbamos a escribir poemas y canciones. En esos tiempos mi gran cómplice y coautor era Rafa Velazquez, un talentoso escritor y cantante que me acompañó en la idea de hacer temas de Onda Nueva, de raíz tradicional, pero con sonoridad contemporánea. De él nacieron no solo buena parte del repertorio de 1492, sino el propio nombre del grupo. Para la época era realmente un sin sentido, no estaba de moda, ni era cool interesarse por lo folklórico, pero era nuestro sueño reinventar la música tradicional venezolana. Cuando nos pusimos serios a investigar, entendimos que no estábamos reinventando nada, no éramos pioneros ni mucho menos. Fue maravilloso descubrir que había muchos otros antes que nosotros con ese sueño, de ellos aprendimos y gracias a esos discos que fuimos descubriendo crecimos como individuos y como profesionales. Aldemaro Romero, Vitas Brener, Rafael Suárez, El Cuarteto, Ensamble Gurrufío, Saúl Vera, Aquiles Báez, Alfredo Naranjo, entre muchos otros, eran la discografía de nuestro día a día.


En esa época conocí a tres grandes hermanos de vida y de música. El primero me lo presentó Rafa Velazquez, quien me convenció de que era imperativo reclutar un gran talento valenciano para el grupo, lo que corroboré inmediatamente cuando lo vi tocar; me maravilló su técnica, su inventiva y sus ganas de descubrir. Así conocí al guitarrista Orlando Hernández, quien luego sería un estandarte de 1492. El segundo es Adolfo Herrera, amigo de la infancia, pero de esos con los que no compartes sino en algunas reuniones familiares muy puntuales. Las vueltas de la vida nos llevaron a ser compañeros de clases en la universidad. Ese encuentro afortunado nos hizo compartir algunas actividades musicales extra cátedra y algunas invitaciones de parte y parte a trabajar en agrupaciones juntos. Por su puesto su talento y su genio artístico impulsaron la petición, no solo de que se uniera a la banda, sino de que fuera el director musical. El tercero empezó a tocar con Eduardo Betancourt y conmigo en las aventuras criollas que vivíamos desde hace años y que eran nuestro sustento económico. Yo era cuatrista y Eduardo se estaba erigiendo como uno de los talentos juveniles del arpa más interesantes del panorama nacional. Se nos unió Alexander Corvo un impresionante bajista, perito en música llanera del estilo contemporáneo; su técnica resaltaba por encima de los bajistas de ese género y por supuesto quisimos invitarlo a nuestro experimento.


Nuestras investigaciones y los múltiples ensayos nos llevaron a comprimir el formato de la banda a cuatro instrumentos más las voces. Éramos Adolfo Herrera en la batería, Eduardo Betancourt en el arpa, Orlando Hernández en la guitarra eléctrica, Alexander Corvo en el bajo, Rafa Velazquez y yo en las voces. Esa conformación duro unos buenos tres años. De ahí se construyó una célula rítmica y una clave para la música ternaria que hacíamos. Generamos un estilo de acompañamiento de guitarra eléctrica compacto basado en la mano derecha del cuatro venezolano. Organizamos las voces líderes del arpa y la guitarra para que interactuaran sin solaparse, lo que contrastaba con el estilo de ejecución del arpa típica. Creamos un estilo de composición y de arreglo vocal, novedoso y rico en armonía y texturas. Para todos fue una escuela viva, aprendimos a escribir, a componer, a arreglar para distintos formatos y géneros y sobre todo a ejecutar nuestros instrumentos con virtuosismo y pasión, gracias al impulso que nos daban nuestros compañeros, pues todos brillaban y nadie podía quedarse atrás.


Evidentemente teníamos que registrar ese trabajo, lo que nos llevó a grabar un material de 10 temas con nuestro propio esfuerzo económico. Hicimos un disco en cuarenta horas de grabación, en el ingrato formato de adat, difícil para la edición y costoso por el material. Era la tecnología de la época, incomparable con los sistemas de audio de hoy. Cada músico tenía solo cinco horas para grabar sus diez temas. Incluso recuerdo que tuvimos que cortar un trozo de una de las canciones para que cupiera en las cintas, porque no había dinero para comprar más. Con todo nació un hermoso material que aun me acompaña en mis viajes y que tiene algunos seguidores.


1492 se disolvió cerca de 2001, el lidiar con un panorama difícil para la música nacional, la necesidad de cada quien de establecerse y trabajar en proyectos que retribuyeran en lo económico, en fin, el hecho de que ya habíamos crecido y teníamos que responder a la sociedad con resultados. Todo eso influyo, pero no tanto como el cansancio de intentarlo tantas veces sin que hubiera respuestas positivas. Muchos dicen que hacíamos una música muy rara, pero la historia contemporánea de la musica venezolana le ha dado grandes espacios a proyectos de este tipo. Hoy por hoy es cotidiano ver cómo los más jóvenes se interesan por la fusión de los géneros urbanos y las raíces tradicionales. Eso que hoy llaman innovación fue visitado y revisitado por nosotros hace mas de una década, y como dije antes, no éramos pioneros. Le dicen neofolklore, termino acuñado después de nuestra disolución, nosotros le llamamos a eso 1492.


Ese espíritu artístico, nacido de la inquietud juvenil, manantial de aprendizaje, hacedor de anécdotas inolvidables, fruto de amistades para toda la vida… Ese es el espíritu de la música pura.


Hace más de diez años que no tocamos este repertorio que tanta nostalgia nos produce y que nos dio frutos profesionales invaluables. Hoy todos los miembros de 1492 son personajes reconocidos dentro de la música nacional. Y aunque pensé que no sucedería, hemos conseguido las fuerzas para reunirnos y tocar esta música hermosa y querida por nosotros. si quieres, acompáñanos este 2 de marzo de 2011 para compartir el sabor de esta historia de vida.


Orinoco, enseñanza de vida

Hace pocos días tuve la oportunidad de vivir una experiencia de esas que dejan una huella profunda en la carrera de un artista. El lugar era nada menos que el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, un sitio muy especial para mi, por ser mi casa de estudios y por el significado que tiene esta sala en el panorama cultural de nuestro país. La sala lucía majestuosa, impecable, en efecto estábamos de estreno, pues el recinto estaba recién restaurado y brillaba como nunca antes la había visto en tantos años de visitarla. La ocasión era la segunda temporada del musical venezolano Orinoco, una obra de la Fundación Venezuela Viva, cargada de una marcada conciencia cultural y de país, y portadora de un mensaje civilizador, inspirado en las paginas de la fabulosa novela de nuestro Rómulo Gallegos, Doña Bárbara. Este montaje es una maravillosa mezcla de talento, disciplina, carisma y devoción a las tablas, en él participan más de cuarenta artistas entre bailarines, cantantes y actores, provenientes de cuatro ciudades venezolanas. Es el resultado de la ambiciosa idea de llevar esta leyenda literaria al formato musical, provisto de manera magistral de una increíble música original, un montaje escénico delicioso y una puesta coreografía insuperable. Lo mejor de todo para mi disfrute es que formo parte de este elenco en el papel del incorruptible Santos Luzardo, personaje emblema de la novela, objeto de mi admiración por lo que representa y por ser un héroe de la literatura criollista. La naturaleza ha tenido a bien hacerme este honor, maravilloso regalo para mi formación como cantante y artista integral.

Ser parte de un proyecto tan grande y significativo es una experiencia que no entiendes hasta que te toca. La respuesta del público es absolutamente abrumadora, más aun cuando no tienes la perspectiva desde la butaca. La verdad es que el elenco esta super involucrado con el show, entendemos la idea profundamente, hemos ensayado estos textos y canciones por más de un año, sabemos la impresión que queremos dar, pero no podemos ver el espectáculo cuando tenemos que actuar en él, así que al recibir las impresiones de los espectadores me deslumbro con lo que me describen. Orinoco hace que el publico viaje al mágico llano venezolano, el espectador se sumerge en un mundo de emociones que no se detiene hasta la ultima nota del show. Hay gente que me ha comentado el orgullo de su gentilicio que esta obra le hace sentir, otros dicen que representa la Venezuela que todos queremos, los que menos, elogian el enorme trabajo, talento y dedicación que te deja ver el acabado del espectáculo. Todas estas cosas me hacen sentir vivo, lleno de orgullo y con muchas ganas de seguir trabajando duro por llevar mensajes constructivos y entusiastas a una tierra que adolece de buenas noticias.

El mensaje de Gallegos versa sobre la eterna lucha entre el orden y el caos. Esta vez representados por la civilización por la que tanto lucha Santos Luzardo y la barbarie, fuerza que le da vida al personaje de Doña Bárbara. Es un tema más que vigente en estos tiempos de violencia y crisis de valores en los que vivimos. Llegar al corazón de las personas y dejar ahí una pequeña inquietud de conciencia social tiene un incalculable significado en la vida de un artista. En esta temporada hicimos cuatro funciones y tres ensayos generales abiertos, los cuales eran benéficos para estudiantes de la UCV y para los niños de Fe y Alegría, lo que hace que nuestra labor se vea honrada al colaborar con el proceso de formación educativa de comunidades tan importantes en nuestro país.

Mis compañeros del elenco, los directores, los productores, los técnicos, los protagonistas nos hemos sentido bendecidos al poder vivir una experiencia de este nivel, un montaje que no tiene nada que envidiarle a los mejores del mundo, una obra que ha superado todos los obstáculos propios de un país con poca cultura de espectáculos de este tipo y con una respuesta contundente de un publico maravilloso que aplaude cada número como si fuera el último.

Agradezco a la vida por esta hermosa oportunidad y espero poder seguir llevando en alto la pluma de Rómulo Gallegos, a través de este hermoso personaje.

… Y te espero

Entre un sorbo de aire y el otro
Se pasa cada minuto silente
Entre la bruma de mi vaga presencia
La recurrente intermitencia de mi sangre
Y el peso de mis huesos…
En un sentir que me falta una parte,
Así paso las horas sin ti

Le doy un beso a tu olor en la almohada
Cruzo tres veces el cuarto
Y hasta lavo los platos…
La aventura cotidiana y absurda
La absoluta explosión de maravillas
La lluvia de milagros en que vivo
Se convierte en el tedio de vivir y dormir
Si no estas
Eso que tanto me alegra y me divierte
Ya no es tan asombroso
Lo incongruente
Es que son las mismas cosas que hacemos
Que en tu ausencia son nada

A tu vuelta
Mi rutina en sepia
Se hará tecnicolor
Y mi mirada floja
Volverá a ser luz y regocijo
A tu vuelta
Volveré a vivir y dormir en tu abrazo
Seré de nuevo presa
De mi traviesa y feliz alucinación
Seré el destello de mil galaxias en tus remilgos
Seré la tempestad de un beso torrencial de frenesí

Ahora cierro los ojos otra vez
Y te espero…

A mis nuevos grandes amigos…

Este martes 27 de septiembre tuve la oportunidad de vivir un momento inolvidable en mi carrera artística. Gracias a la iniciativa del maestro Aquiles Báez y de Guataca Producciones, fuimos reunidos cuatro cantantes con proyectos disímiles, pero con un punto de encuentro: nuestra raíz tradicional y latinoamericana. Las voces de Cesar Gómez, Luis Oswaldo Acasio “El Inmenso”, José Alejandro Delgado y la mía se encontraron en un escenario íntimo y con un fabuloso público, para interpretar canciones originales en su mayoría, llenas de un arte auténtico y propio. La acogida de los presentes a este repertorio me sorprendió; no tocamos temas conocidos, ni escogimos lo más sonado, no pensamos necesariamente en complacer a nadie, en realidad quisimos compartir un trabajo realizado a través de los años por cada uno de nosotros y llevarlo al escenario con gusto y convicción. Pues bien, esa noche el público nos regalo una hermosa lección: aprendamos a creer en los resultados de nuestro esfuerzo.

Resulta estimulante ver como la gente responde a las propuestas que son de verdad. Cada uno de los artistas presentes en esas tablas viene haciendo un trabajo valioso por años, produciendo música autentica, resultado de años de estudio e investigación y asimilada en su arte. Yo he tenido el privilegio de compartir ensayos y gira de medios con estos grandes artistas venezolanos y debo manifestar mi admiración y respeto a su trabajo, su trayectoria y su calidad humana, hoy son mis amigos y se han ganado mi cariño y afecto. En un mundo en el que parece que todo lo que funciona debe ser fabricado como producto, estos artistas y ese público me hicieron ver que vale la pena plantear algo diferente, vale la pena formarse, investigar, trabajar duro para construir un SER. Un artista debe SER, a partir de él se pueden desarrollar productos culturales, mas un artista no es un producto.

Agradezco profundamente esa experiencia que me permite valorar el buen momento que vive la música venezolana, apreciar mucho más mi gentilicio, ponderar correctamente mi trabajo, querer más a mi país, contar con nuevos amigos que admiro y quiero, en fin, ser más y mejor venezolano. Mil gracias Aquiles, Inmenso, Cesar y José Alejandro, están en mi corazón y en mi mente, espero compartir escenario y cultura con ustedes muchas veces!!!

Feliz

Cómo se escribe un poema feliz?
Usas palabras dulces,
Caramelo, durazno…
Marcas una sonrisa en tus labios,
Tomas el lápiz…
Quizá mencionas un buen momento,
O hablas de frutas y cielo azul.

Qué difícil es decir “soy feliz”
Es tan pequeña la expresión
Y el sentimiento tan vasto
Es confuso saber
Si juego con mi mente
O es ciertamente real
La paradoja es
Vivir en esa duda.

Mas la felicidad
Tiene un ancla en mi pecho
Un pálpito de vida
Algo que no se dice
Pues no hay pronunciación
No hay idioma tan amplio
Que dibuje con precisión
Lo que pasa en mi alma
Cuando me das esa hermosa sonrisa
Esa vida que tienes en tus ojos
Y te arropas con mis brazos dormidos

No voy a decir que soy feliz
Voy al almacén de mis recuerdos
A estar contigo un rato…

Eres

Eres…

Dios me habla todos los días de ti
me endulza con la vida cada palabra que traen tus recuerdos
me muestra en cada paso tu enseñanza
y me confirma siempre que eres sabia

Eres, porque todo se transforma, nada muere
eres y serás porque vives en mi
eres porque mi corazón es el tuyo
y porque la distancia no es razón para no ser

¿Que si se te extraña por aquí?
para que negar que hace falta el abrazo y la buena sazón
hacen falta los mimos y el regaño que aturde
y el sollozo de los pasos que se arrastran

Pero el recuerdo nos dibuja una sonrisa
y nunca falta la expresión: ¡ay, mi viejita!
y si brota una lágrima es de felicidad
que corazones tan pequeños no pueden contener

Sabemos que mereces lo que se te ha otorgado
que fue grande el trabajo y duro el sacrificio
y aunque siempre diste más de lo que merecía
yo que soy un “toñeco” ruego una cosa más:
que permitas que a ratos te recuerde…

Nosotros, la tradición, la identidad…

La cultura tradicional en Venezuela es una batalladora incansable, sobrevive a duras penas entre el precario panorama económico de sus localidades y la poca importancia y el desapego que le tienen las comunidades urbanas y los entes de poder. Sobrevive por el profundo amor y compromiso de sus cultores, que tienen en sus manifestaciones los iconos de su identidad, las viven y las desarrollan como prioridades en sus vidas. No puede causarme menos que dolor el hecho de que el citadino promedio no entienda esta conducta, algunos hasta se burlan y menosprecian el apego del pueblo a sus tradiciones. La verdad es que la búsqueda de una identidad es inherente a la conducta del ser humano desde siempre, por tanto, lejos de ser motivo de burla, apreciar y mantener una tradición debe ser un reto de compromiso de todos los países. Nosotros los nacidos en las urbes deberíamos aprender de estas comunidades que se abocan por completo al desarrollo de su tradición. Esto no nos hace ignorantes o disociados de la conducta global, por el contrario nos da herramientas para mostrar al mundo la belleza de nuestros valores y enriquece por ende el panorama de la cultura en todo el mundo. Yo pienso que ser tradicionalista no es un comportamiento excluyente de la vida cosmopolita, eso si, requiere tener una visión amplia y un conocimiento profundo de lo propio y lo de afuera. Quizá por eso, por el esfuerzo que demanda la sabiduría, no es tan atractivo para algunos darse a la tarea de conocer su identidad.

Este pensamiento vino a mi porque preproduciendo mi programa de radio (La música es lo nuestro 100.7 FM al las 2pm), para ese día, basado en el trabajo desarrollado por el grupo de proyección artística del folklore venezolano, Los Vasallos del Sol, leí una frase que utilizaron para su producción discográfica de 2008, “Dos miradas”:

“Dos miradas: una hacia los ancestros, hacia la tradición, hacia lo que nos
enseñaron los viejos maestros y cultores, hacia las cosas como eran; y otra hacia
el futuro, hacia el pensamiento superestructurado de quienes vivimos en las urbes,
con mil músicas y tecnologías influyéndonos…”

Estas ideas vienen de las mentes de personas que conforman una agrupación que para 2011 tiene alrededor de 21 años visitando a las comunidades y conociendo cultores en buena parte del territorio nacional, aprendiendo de sus manifestaciones y llevando ese conocimiento al panorama cultural urbano, tanto de Venezuela como del mundo. En una entrevista que le hiciera la revista Encontrarte al director artístico y coreógrafo de Los Vasallos del Sol, Omar Orozco, este maestro hablaba de su desacuerdo con la política de algunos gobiernos o entidades culturales de llevar las llamadas “bellas artes” al pueblo con la intención de “culturizarlo”. Orozco sostiene, si yo interpreto bien sus palabras, que somos nosotros los que tenemos que estudiar al pueblo, sus manifestaciones y su arte, para entender nuestro origen y para desarrollar esa cultura, en vez de contaminarla.

En realidad la soberbia de la urbe a veces se olvida de que todo conocimiento tiene un origen. La urbe enfocada en la moda, las nuevas tecnologías, la ciencia y la cultura pop, no se da cuenta de que nada de esto tiene valor si no hay un contenido detrás. Ese contenido solo se puede encontrar a través de la propia identidad.

Todo lo que hoy hacemos nace del profundo interés del hombre de evolucionar, ese interés parece haberse perdido por un rato, que ya tiene más de un siglo, entre tanto ruido urbano. Seguro esta maravillosa tecnología y los adelantos científicos de los que disponemos estarían mejor orientados si aprendiéramos un poco más de nuestro acervo cultural y nuestras tradiciones. En junio de este año tuve la oportunidad de visitar el pueblo de Naiguatá, en el litoral central, y vi algo que me maravilló. Una comunidad entera celebrando dos tradiciones unidas este año por el calendario festivo: Diablos danzantes y Fiesta de San Juan Bautista. Este pueblo tiene cerca de 14500 habitantes, y una cofradía de diablos de mas de 800, de los cuales casi todos son sanjuaneros. Eso nos da una idea de lo importante que es esta fiesta, en la que todo un pueblo se moviliza para celebrar la tradición. La devoción, la fe y el amor por sus creencias y sus antepasados me propinó una hermosa lección de vida.

La pregunta que me viene a la mente es: ¿tenemos en nuestras metrópolis un arraigo tan profundo, una identidad, un aprecio real a algo que sea en verdad nuestro? Me queda esa duda para reflexionar.

Mi ruego

Trémulo, el palpitar de mi pecho ha levantado un ruego
un ruego moribundo, flema de la tos agónica de la esperanza
me da asco mi ruego, porque se enciende en cada víscera de mi cobardía.
Me da miedo mi ruego, porque de tanto naufragio en tus amores,
ya no encuentro el camino de regreso.

Mi ruego no te deja partir
y tienes que hacer un viaje tan largo y tan lejano
que el horizonte de mis mares toma formas ilusas esperando encontrarte.
O ya hiciste ese viaje y no me he dado cuenta…
Quizá ya tienes tu lugar, lejos, muy lejos
en geografías que se van de mis ojos, y de mi ruego

Mi ruego es el placer que tengo de perderme en haberte perdido
es ese laberinto de murallas gigantes que no me deja ver sino mis mares
y no me deja oír sino tus olas

Mi ruego es cada vicio que me recuerda que existes lejos
es cada despedida que le doy con vergüenza a la verdad…
Mi ruego es el delirio

Mi ruego implora humillantemente que regreses
y que tus despedidas, tantas, sean las que se vayan
ora porque toda esta historia de ausencias sea una gran mentira
y grita… grita profundamente el dolor de mi pecho
que al esperar respuestas por un ruego
solo recibe un eco sordo y sin gracia que se despide:
“vuelve”…

Alejandro Zavala, 2003

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Cuánto vale la expresión artística

La música es definitivamente un lenguaje plural, de uso común para todos los seres humanos. Por su carácter artístico y su complejidad técnica y cultural, nos olvidamos a veces de que va mas allá de ser una disciplina, es un idioma. El mundo de los sonidos es una de nuestras vías mas comunes de comunicación, quizá la mas importante. Las formas de expresión vinculadas con el arte de los sonidos van desde el jugueteo percutivo de un niño pequeño, hasta el concierto mas complejo de un compositor inmortal. Ese inmensurable espectro es posiblemente la causa del error común en el que incurrimos de hacer criticas al entorno musical desde nuestro pequeño suburbio mental. Por mas instruido que sea alguien en el ámbito musical, por mas cultura y estudios que tenga, es imposible que su comprensión pueda abarcar todas las expresiones humanas, y la música esta prácticamente en todas.

Hoy tuve la oportunidad de escuchar a Natalie Clein, una virtuosa cellista, interpretando una composición para cello y piano de Astor Piazzola. A mi mente vinieron como siempre las opiniones sobre su fabulosa digitación, la belleza de la pieza y un periplo interminable de ideas sobre la influencia de la música folklórica en los compositores académicos del siglo XX. Todo esto se detuvo repentinamente cuando mi mirada perdida se posó en el rostro de esta increíble interprete. La magia del video y el control remoto me permitieron corregir mi error de apreciación. No estaba escuchándola, estaba absorto en el yoismo de escuchar mi discursito. Pues bien, al repetir el video pude darme cuenta de algo maravilloso. Natalie Clein estudia música desde los cuatro años, es sin duda una instrumentista consagrada, es ágil, limpia, versátil, muy veloz, en fin, domina increíblemente este complejo instrumento. Pero nada de esto se acerca a la mas hermosa cualidad que pude notar al verla tocar.

Natalie Clein no toca el cello, ella habla, se dirige a ti cuando ejecuta, simplemente se expresa. Esa en mi opinión es una virtud mayor que todas las demás. Los instrumentos exigen tanto de la técnica, el lenguaje, la comprensión de la simbología, la pulcritud del sonido, que se nos olvida que son simplemente una vía de expresión. El problema no es tocar bien, es expresarse bien. Y con expresarse bien me refiero a decir lo que quieres decir, nada mas. Me parece hermoso, casi poético, que esta magnifica cellista me enseñe desde su arte que lo bello no radica en cómo toca, eso parece no importarle, eso es natural, ella se concentra por el contrario en decir cosas, lo ves en su rostro. Cada tema es único, importante por lo que refiere el autor, el interprete se encarga de transmitir eso, esa es su verdadera preocupación. Claro está que para tocar con naturalidad hay que saber tocar y eso lo dan los años de estudio y la práctica.

El hecho interesante está en que estudiamos por años para poder expresarnos a través del instrumento con la naturalidad de un niño. Hoy en mi pequeño suburbio mental hubo una hermosa catástrofe, entendí que la crítica experta no tiene mayor sentido si te enfocas en lo que realmente importa. La expresión de un gran músico vale mas que todas sus virtudes técnicas e intelectuales.

Lo maravilloso de la vida es lo que te puede decir si estas atento, creo que la enseñanza de Natalie puedo traspolarla a todos los aspectos de mi vida. Saber qué es lo importante y enfocarse en ello con todo el poder y el talento que poseemos da resultados majestuosos. La belleza de la interpretación de esta cellista radica en que parece no necesitar todo lo que sabe para tocar, es tan espontáneo su arte que parece una conversación, así quiero ser cuando sea grande.

Referencias:

Programa TV Music Room, episodio grabado en 2010, entrevistador Howard Goodall. Tema: Grand Tango, Astor Piazzola 1982.

El video de Youtube: Moderato del Concierto para Violonchelo y Orquesta en Do mayor de Haydn. Orquestra de Cambra Illa de Menorca (OCIM) dirigida por Michael Thomas. Violonchelo solista: Natalie Clein. Actuación en el Teatro Principal de Mahón (Menorca) el 1 de marzo de 2009.