Reflexiones de un pensador compulsivo…

Mil gracias por una canción

Escribir es una de las actividades mágicas que nos ha legado la cultura. Cuando se trata de escribir una canción, el placer se duplica. La música aparece en la mente de formas inexplicables y la combinación de acordes, notas y lírica dibujan un hermoso paisaje al ver nacer una composición de este tipo. Me siento muy afortunado de haberme atrevido por años a explotar este talento, y más afortunado por poderlo compartir con otros compositores que respeto y admiro.

Hace dos días, después de muchos intentos fallidos para cuadrar nuestras agendas, pudimos reunirnos José Alejandro Delgado y yo a trabajar en la creación de un single que será lanzado pronto. Es difícil para mi, a través de este modesto post, explicar las sensaciones que tuve durante esa sesión. Escribir en coautoría es muy distinto a hacerlo solo, uno debe aprender a ceder y ponerse de acuerdo, respetar otros criterios y trabajar en equipo, dejando a un lado personalísimos para el bien de la obra. A pesar de que lo he hecho muchas veces, no es mi hábito componer con otro autor, siempre que lo hago me toca aprender muchas cosas magnificas, y no todas son fáciles de asumir. En este reciente trabajo tuve la oportunidad de compartir con un gran artista, con un despliegue creativo impresionante y que parecía adaptarse con facilidad a la situación de coautoría, cualidad admirable y que agradecí profundamente. En el transcurso de unas cuatro horas teníamos la maqueta de un tema grabado con guitarra y dos voces. Ese resultado me habla claramente de lo fluido y eficiente que resultó ese trabajo. Pero no es solo lo bueno de la pieza y la eficiencia del resultado lo que puedo destacar.

Con cada hallazgo concebido de cada pequeña disertación sobre el tema de la obra, la estructura, los acordes que usaríamos o la siguiente palabra, nacía una emoción tremenda por la explosión creativa y el nuevo descubrimiento. En algún caso sucedió que sin pensarlo apareció un arreglo vocal de un susurro, o nació un juego de palabras como dictado por una divinidad. Todo lo que pasaba parecía mágico.

Debo decir que por lo regular cuando trabajo en coautoría, la mayor parte de las veces soy quien propone estructuras y progresiones de acordes, cosa que llevo en mi naturaleza y que muchas veces me cuesta controlar. En este caso fue lo opuesto, José Alejandro traía algunas ideas tan claras y tan buenas que me encantó poder servir de catalizador de sus propuestas. El resultado: una de esas piezas que te roban el corazón desde el principio…

… gracias amigo!!!

 

Una respuesta

  1. Marycel

    Excelente tema! Gracias por mostrarmelo! 🙂

    18 julio, 2012 en 11:08

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s