Reflexiones de un pensador compulsivo…

1492 la música pura

Recuerdo que en un estudio de grabación, hace más de 15 años, compartía ideas musicales con mi gran amigo y hermano de música Eduardo Betancourt. No recuerdo qué estábamos grabando, pero era música llanera y entre mis inquietudes estaba la de transformar un poco el formato de arpa, cuatro, maracas y bajo, que para ese entonces se me hacía insuficiente para colorear las canciones que componía. Ese capricho quinceañero nos llevo a fundar una banda llamada 1492, un tobogán musical vertiginoso que nos mantuvo creativos, inquietos y ensayando como locos durante años.

El comienzo de los experimentos tenía de todo, parecía un grupo de gaitas. Sonaba desde la batería hasta las maracas, pasando por el cuatro, tres tipos de guitarras, bajo, congas y pare de contar. No encontrábamos la manera de controlar ese formato complejo e inestable. Si a eso le añades el ímpetu juvenil de querer meter todas las notas y acordes que te sabes en el mismo arreglo, imaginarán ese sonido. Lo bonito de esa época fue compartir la hazaña con grandes amigos y músicos como Alonso Perdomo, Adelmar Paz, José Marchena, Hermán Cova, José Pepe Leo Hernández, entre otros que pasaron, compartieron de esa fiebre y que nos enseñaron tanto.

A mi memoria viene esa época universitaria en la que salíamos de clase e íbamos a escribir poemas y canciones. En esos tiempos mi gran cómplice y coautor era Rafa Velazquez, un talentoso escritor y cantante que me acompañó en la idea de hacer temas de Onda Nueva, de raíz tradicional, pero con sonoridad contemporánea. De él nacieron no solo buena parte del repertorio de 1492, sino el propio nombre del grupo. Para la época era realmente un sin sentido, no estaba de moda, ni era cool interesarse por lo folklórico, pero era nuestro sueño reinventar la música tradicional venezolana. Cuando nos pusimos serios a investigar, entendimos que no estábamos reinventando nada, no éramos pioneros ni mucho menos. Fue maravilloso descubrir que había muchos otros antes que nosotros con ese sueño, de ellos aprendimos y gracias a esos discos que fuimos descubriendo crecimos como individuos y como profesionales. Aldemaro Romero, Vitas Brener, Rafael Suárez, El Cuarteto, Ensamble Gurrufío, Saúl Vera, Aquiles Báez, Alfredo Naranjo, entre muchos otros, eran la discografía de nuestro día a día.


En esa época conocí a tres grandes hermanos de vida y de música. El primero me lo presentó Rafa Velazquez, quien me convenció de que era imperativo reclutar un gran talento valenciano para el grupo, lo que corroboré inmediatamente cuando lo vi tocar; me maravilló su técnica, su inventiva y sus ganas de descubrir. Así conocí al guitarrista Orlando Hernández, quien luego sería un estandarte de 1492. El segundo es Adolfo Herrera, amigo de la infancia, pero de esos con los que no compartes sino en algunas reuniones familiares muy puntuales. Las vueltas de la vida nos llevaron a ser compañeros de clases en la universidad. Ese encuentro afortunado nos hizo compartir algunas actividades musicales extra cátedra y algunas invitaciones de parte y parte a trabajar en agrupaciones juntos. Por su puesto su talento y su genio artístico impulsaron la petición, no solo de que se uniera a la banda, sino de que fuera el director musical. El tercero empezó a tocar con Eduardo Betancourt y conmigo en las aventuras criollas que vivíamos desde hace años y que eran nuestro sustento económico. Yo era cuatrista y Eduardo se estaba erigiendo como uno de los talentos juveniles del arpa más interesantes del panorama nacional. Se nos unió Alexander Corvo un impresionante bajista, perito en música llanera del estilo contemporáneo; su técnica resaltaba por encima de los bajistas de ese género y por supuesto quisimos invitarlo a nuestro experimento.


Nuestras investigaciones y los múltiples ensayos nos llevaron a comprimir el formato de la banda a cuatro instrumentos más las voces. Éramos Adolfo Herrera en la batería, Eduardo Betancourt en el arpa, Orlando Hernández en la guitarra eléctrica, Alexander Corvo en el bajo, Rafa Velazquez y yo en las voces. Esa conformación duro unos buenos tres años. De ahí se construyó una célula rítmica y una clave para la música ternaria que hacíamos. Generamos un estilo de acompañamiento de guitarra eléctrica compacto basado en la mano derecha del cuatro venezolano. Organizamos las voces líderes del arpa y la guitarra para que interactuaran sin solaparse, lo que contrastaba con el estilo de ejecución del arpa típica. Creamos un estilo de composición y de arreglo vocal, novedoso y rico en armonía y texturas. Para todos fue una escuela viva, aprendimos a escribir, a componer, a arreglar para distintos formatos y géneros y sobre todo a ejecutar nuestros instrumentos con virtuosismo y pasión, gracias al impulso que nos daban nuestros compañeros, pues todos brillaban y nadie podía quedarse atrás.


Evidentemente teníamos que registrar ese trabajo, lo que nos llevó a grabar un material de 10 temas con nuestro propio esfuerzo económico. Hicimos un disco en cuarenta horas de grabación, en el ingrato formato de adat, difícil para la edición y costoso por el material. Era la tecnología de la época, incomparable con los sistemas de audio de hoy. Cada músico tenía solo cinco horas para grabar sus diez temas. Incluso recuerdo que tuvimos que cortar un trozo de una de las canciones para que cupiera en las cintas, porque no había dinero para comprar más. Con todo nació un hermoso material que aun me acompaña en mis viajes y que tiene algunos seguidores.


1492 se disolvió cerca de 2001, el lidiar con un panorama difícil para la música nacional, la necesidad de cada quien de establecerse y trabajar en proyectos que retribuyeran en lo económico, en fin, el hecho de que ya habíamos crecido y teníamos que responder a la sociedad con resultados. Todo eso influyo, pero no tanto como el cansancio de intentarlo tantas veces sin que hubiera respuestas positivas. Muchos dicen que hacíamos una música muy rara, pero la historia contemporánea de la musica venezolana le ha dado grandes espacios a proyectos de este tipo. Hoy por hoy es cotidiano ver cómo los más jóvenes se interesan por la fusión de los géneros urbanos y las raíces tradicionales. Eso que hoy llaman innovación fue visitado y revisitado por nosotros hace mas de una década, y como dije antes, no éramos pioneros. Le dicen neofolklore, termino acuñado después de nuestra disolución, nosotros le llamamos a eso 1492.


Ese espíritu artístico, nacido de la inquietud juvenil, manantial de aprendizaje, hacedor de anécdotas inolvidables, fruto de amistades para toda la vida… Ese es el espíritu de la música pura.


Hace más de diez años que no tocamos este repertorio que tanta nostalgia nos produce y que nos dio frutos profesionales invaluables. Hoy todos los miembros de 1492 son personajes reconocidos dentro de la música nacional. Y aunque pensé que no sucedería, hemos conseguido las fuerzas para reunirnos y tocar esta música hermosa y querida por nosotros. si quieres, acompáñanos este 2 de marzo de 2011 para compartir el sabor de esta historia de vida.


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