Reflexiones de un pensador compulsivo…

Orinoco, enseñanza de vida

Hace pocos días tuve la oportunidad de vivir una experiencia de esas que dejan una huella profunda en la carrera de un artista. El lugar era nada menos que el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, un sitio muy especial para mi, por ser mi casa de estudios y por el significado que tiene esta sala en el panorama cultural de nuestro país. La sala lucía majestuosa, impecable, en efecto estábamos de estreno, pues el recinto estaba recién restaurado y brillaba como nunca antes la había visto en tantos años de visitarla. La ocasión era la segunda temporada del musical venezolano Orinoco, una obra de la Fundación Venezuela Viva, cargada de una marcada conciencia cultural y de país, y portadora de un mensaje civilizador, inspirado en las paginas de la fabulosa novela de nuestro Rómulo Gallegos, Doña Bárbara. Este montaje es una maravillosa mezcla de talento, disciplina, carisma y devoción a las tablas, en él participan más de cuarenta artistas entre bailarines, cantantes y actores, provenientes de cuatro ciudades venezolanas. Es el resultado de la ambiciosa idea de llevar esta leyenda literaria al formato musical, provisto de manera magistral de una increíble música original, un montaje escénico delicioso y una puesta coreografía insuperable. Lo mejor de todo para mi disfrute es que formo parte de este elenco en el papel del incorruptible Santos Luzardo, personaje emblema de la novela, objeto de mi admiración por lo que representa y por ser un héroe de la literatura criollista. La naturaleza ha tenido a bien hacerme este honor, maravilloso regalo para mi formación como cantante y artista integral.

Ser parte de un proyecto tan grande y significativo es una experiencia que no entiendes hasta que te toca. La respuesta del público es absolutamente abrumadora, más aun cuando no tienes la perspectiva desde la butaca. La verdad es que el elenco esta super involucrado con el show, entendemos la idea profundamente, hemos ensayado estos textos y canciones por más de un año, sabemos la impresión que queremos dar, pero no podemos ver el espectáculo cuando tenemos que actuar en él, así que al recibir las impresiones de los espectadores me deslumbro con lo que me describen. Orinoco hace que el publico viaje al mágico llano venezolano, el espectador se sumerge en un mundo de emociones que no se detiene hasta la ultima nota del show. Hay gente que me ha comentado el orgullo de su gentilicio que esta obra le hace sentir, otros dicen que representa la Venezuela que todos queremos, los que menos, elogian el enorme trabajo, talento y dedicación que te deja ver el acabado del espectáculo. Todas estas cosas me hacen sentir vivo, lleno de orgullo y con muchas ganas de seguir trabajando duro por llevar mensajes constructivos y entusiastas a una tierra que adolece de buenas noticias.

El mensaje de Gallegos versa sobre la eterna lucha entre el orden y el caos. Esta vez representados por la civilización por la que tanto lucha Santos Luzardo y la barbarie, fuerza que le da vida al personaje de Doña Bárbara. Es un tema más que vigente en estos tiempos de violencia y crisis de valores en los que vivimos. Llegar al corazón de las personas y dejar ahí una pequeña inquietud de conciencia social tiene un incalculable significado en la vida de un artista. En esta temporada hicimos cuatro funciones y tres ensayos generales abiertos, los cuales eran benéficos para estudiantes de la UCV y para los niños de Fe y Alegría, lo que hace que nuestra labor se vea honrada al colaborar con el proceso de formación educativa de comunidades tan importantes en nuestro país.

Mis compañeros del elenco, los directores, los productores, los técnicos, los protagonistas nos hemos sentido bendecidos al poder vivir una experiencia de este nivel, un montaje que no tiene nada que envidiarle a los mejores del mundo, una obra que ha superado todos los obstáculos propios de un país con poca cultura de espectáculos de este tipo y con una respuesta contundente de un publico maravilloso que aplaude cada número como si fuera el último.

Agradezco a la vida por esta hermosa oportunidad y espero poder seguir llevando en alto la pluma de Rómulo Gallegos, a través de este hermoso personaje.

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