Reflexiones de un pensador compulsivo…

Nosotros, la tradición, la identidad…

La cultura tradicional en Venezuela es una batalladora incansable, sobrevive a duras penas entre el precario panorama económico de sus localidades y la poca importancia y el desapego que le tienen las comunidades urbanas y los entes de poder. Sobrevive por el profundo amor y compromiso de sus cultores, que tienen en sus manifestaciones los iconos de su identidad, las viven y las desarrollan como prioridades en sus vidas. No puede causarme menos que dolor el hecho de que el citadino promedio no entienda esta conducta, algunos hasta se burlan y menosprecian el apego del pueblo a sus tradiciones. La verdad es que la búsqueda de una identidad es inherente a la conducta del ser humano desde siempre, por tanto, lejos de ser motivo de burla, apreciar y mantener una tradición debe ser un reto de compromiso de todos los países. Nosotros los nacidos en las urbes deberíamos aprender de estas comunidades que se abocan por completo al desarrollo de su tradición. Esto no nos hace ignorantes o disociados de la conducta global, por el contrario nos da herramientas para mostrar al mundo la belleza de nuestros valores y enriquece por ende el panorama de la cultura en todo el mundo. Yo pienso que ser tradicionalista no es un comportamiento excluyente de la vida cosmopolita, eso si, requiere tener una visión amplia y un conocimiento profundo de lo propio y lo de afuera. Quizá por eso, por el esfuerzo que demanda la sabiduría, no es tan atractivo para algunos darse a la tarea de conocer su identidad.

Este pensamiento vino a mi porque preproduciendo mi programa de radio (La música es lo nuestro 100.7 FM al las 2pm), para ese día, basado en el trabajo desarrollado por el grupo de proyección artística del folklore venezolano, Los Vasallos del Sol, leí una frase que utilizaron para su producción discográfica de 2008, “Dos miradas”:

“Dos miradas: una hacia los ancestros, hacia la tradición, hacia lo que nos
enseñaron los viejos maestros y cultores, hacia las cosas como eran; y otra hacia
el futuro, hacia el pensamiento superestructurado de quienes vivimos en las urbes,
con mil músicas y tecnologías influyéndonos…”

Estas ideas vienen de las mentes de personas que conforman una agrupación que para 2011 tiene alrededor de 21 años visitando a las comunidades y conociendo cultores en buena parte del territorio nacional, aprendiendo de sus manifestaciones y llevando ese conocimiento al panorama cultural urbano, tanto de Venezuela como del mundo. En una entrevista que le hiciera la revista Encontrarte al director artístico y coreógrafo de Los Vasallos del Sol, Omar Orozco, este maestro hablaba de su desacuerdo con la política de algunos gobiernos o entidades culturales de llevar las llamadas “bellas artes” al pueblo con la intención de “culturizarlo”. Orozco sostiene, si yo interpreto bien sus palabras, que somos nosotros los que tenemos que estudiar al pueblo, sus manifestaciones y su arte, para entender nuestro origen y para desarrollar esa cultura, en vez de contaminarla.

En realidad la soberbia de la urbe a veces se olvida de que todo conocimiento tiene un origen. La urbe enfocada en la moda, las nuevas tecnologías, la ciencia y la cultura pop, no se da cuenta de que nada de esto tiene valor si no hay un contenido detrás. Ese contenido solo se puede encontrar a través de la propia identidad.

Todo lo que hoy hacemos nace del profundo interés del hombre de evolucionar, ese interés parece haberse perdido por un rato, que ya tiene más de un siglo, entre tanto ruido urbano. Seguro esta maravillosa tecnología y los adelantos científicos de los que disponemos estarían mejor orientados si aprendiéramos un poco más de nuestro acervo cultural y nuestras tradiciones. En junio de este año tuve la oportunidad de visitar el pueblo de Naiguatá, en el litoral central, y vi algo que me maravilló. Una comunidad entera celebrando dos tradiciones unidas este año por el calendario festivo: Diablos danzantes y Fiesta de San Juan Bautista. Este pueblo tiene cerca de 14500 habitantes, y una cofradía de diablos de mas de 800, de los cuales casi todos son sanjuaneros. Eso nos da una idea de lo importante que es esta fiesta, en la que todo un pueblo se moviliza para celebrar la tradición. La devoción, la fe y el amor por sus creencias y sus antepasados me propinó una hermosa lección de vida.

La pregunta que me viene a la mente es: ¿tenemos en nuestras metrópolis un arraigo tan profundo, una identidad, un aprecio real a algo que sea en verdad nuestro? Me queda esa duda para reflexionar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s